Cuando le pregunté a Pilar Pasanau qué sentía al ser la primera mujer española en acabar una regata vuelta al mundo en solitario su respuesta, “Esto son solo estadísticas, yo navego por amor y afición, no por resultados ni palmarés”, me desarmó. Por suerte para mí fue la última pregunta. Pensando en sus palabras antes de escribir la entrevista, me di cuenta que esta experiencia ha cambiado inevitablemente su carácter y personalidad, que ya antes tenían un cierto punto de misticismo. Pero hasta cierto punto, pues me explicó con pasión que luchó con ahínco por finalizar tercera. Finalmente tuvo que conformarse con la meritoria cuarta posición a solo 19 horas del tercer peldaño del podio.
¿Cómo se encuentra tras finalizar con éxito su aventura?
Ahora mismo estoy muy relajada recién mudada a un apartamento que me han prestado aquí en Bahamas, pues estoy ultimando la carga de mi barco en un mercante que lo lleve hasta casa. He estado quince meses navegando, estoy cansada y sin ganas de cruzar el Atlántico y el Mediterráneo hasta Barcelona.

¿Qué tiene pensado para su Peter Punk?
El barco lo tengo en venta, he de pagar deudas, ¡¡debo 60.000 euros!! Cuando empecé la regata no me quedaba dinero, pude reunir préstamos de familiares y amigos que ahora he de devolver. Solo tenía dinero para comprar el barco y prepararlo. Compré los planos y pensé en construirlo yo, pero enseguida vi que con mi trabajo en la marina mercante no tendría tiempo, hubiera sido una locura intentarlo. Me hacía ilusión hacer la primera edición y no quería esperar cuatro años. Así que compré el barco a un suizo que no lo tenía totalmente acabado. Le faltaban montar los sistemas, tampoco cumplía todas las normativas de la regata. Con los equipos electrónicos me ayudó mi amigo Xavier Ges, que tiene mucha experiencia en este tema. También me ayudaron otros amigos sumando manos en otras tareas.
¿Cómo se metió en esta regata, que me atrevo a decir que es una gran aventura?
Desde siempre mi sueño era dar la vuelta al mundo en solitario, hace años pensaba hacerla en la Vendée Globe y después en la segunda edición de la Barcelona World Race, pero en la FNOB me dijeron que no era posible. Me quedé con un palmo de narices, pero tenía claro que tenía que lograrlo como fuera. Lo estuve mirando en Class 40 pero el problema era el dinero. Para mí nunca ha sido fácil encontrar patrocinios, y finalmente hace dos años descubrí esta regata y me lancé. Hice la Transat de calificación y ya veríamos qué pasa. Al terminarla dudaba, por mi edad, mi carácter y la falta de presupuesto. Consulté la opinión a mi familia y amistades cercanas, y todos me dijeron que confiaban en mí.
¿Cuántas velas usó para completar la regata?
Las reglas de la regata permitían siete velas. El problema de esta regata es que el organizador Don McIntyre decide sobre la marcha lo que se hace y lo que no. A media regata puede cambiar una regla sin ningún tipo de explicación. Sobre las velas, a medio recorrido decidió que, si comprabas una vela más y la llevabas a bordo serias penalizado, sin especificar cuánto tiempo. Así que fui con las siete velas de la salida. Destrocé una vela pronto porque en una arriada el barco se fue de orzada y se me enredó con las placas solares.
¿Cómo fue su progresión durante la regata?
Fui de menos a más, aunque el Océano Índico me compliqué y perdí tiempo. Quise hacerlo con mucha intención, quería intentar superar al que iba clasificado tercero. Me pasé de lista, quise hacer mucha estrategia y táctica y me equivoqué. Continuamente iba intentando probar cosas un poco a la desesperada, no funcionó en absoluto. Cómo el océano es muy complicado pensé que era una buena oportunidad para arriesgar, y es donde más perdí. Finalicé la etapa cuarta, pero perdí mucha distancia respecto al tercero.

¿Cómo se navega en el Océano Índico con una cáscara de nuez de 5,80 m?
Buffff… Había unas olas enormes cuando dejamos la protección de Australia, venían del sur, por babor, y el barco era una peonza. Yo no usaba casco de protección, otros sí, en la cabina iba atada. Creo que metí la punta del mástil en el agua varias veces, aunque era prudente y no iba muy pasada de trapo. Impresionaba mucho. Sientes una gran sensación de estrés, tienes miedo por si el barco resistirá o se romperá, me auto convencí de que el barco resistiría. He de decir que el barco es muy seguro, bastante estable y fuerte. En la flota nadie rompió el mástil.
¿Hubo muchos abandonos?
Solo cuatro, Salimos quince y llegamos once, por lo que el porcentaje de abandonos fue un 25 %. En este sentido ha sido una buena edición.
¿Qué fue lo más difícil?
Para mí ha sido la gestión de la propia regata. Tenía un equipo de amigos y amigas que desde Barcelona me hacían de equipo de tierra a distancia, me ayudaban pensando soluciones para averías o roturas, pero las manos eran las mías. Al principio esa carga de trabajo me superaba bastante, y piensa Carlos que cuando termine la transat no sabía si haría la regata. Diez días antes de la regata la organización me dio una check list que debía completar antes de empezar la segunda etapa en Panamá. Se me cayó el mundo encima, estuve horas y horas para solucionarlo todo y poder asegurar mi participación mi tan deseada vuelta al mundo. Estaba tan agotada que al segundo día caí enferma, seguramente por el estrés acumulado. No estaba disfrutando de lo que estaba haciendo, y soy una persona que si no disfruto soy incapaz de navegar bien. Siendo como soy fue terrible, horroroso. Poco a poco fui superándolo, realmente solo la disfruté mucho en la última etapa.
Navegar lo más difícil fue el Índico después de pasar por el norte de Australia, el mar de fondo era una locura y encima yo quería navegar rápido y más rápido, sin escatimar trapo. Aunque pensándolo mejor, diría que la calificación previa desde Lagos hasta Lanzarote fue descorazonadora. No había hecho millas antes, no conocía el barco, jamás había navegado con un piloto de viento. Estaba superada, tenía que aprender todo sobre la marcha, saber adecuar las velas a los dos tipos de pilotos automáticos (viento y eléctrico), tuve muchas millas con el mar y el viento de proa, condiciones que estrené en esa calificación. Sufrí mucho de verdad, tanto que al llegar a Lanzarote pensé que eso no era para mí, quería abandonar el proyecto. Ya en puerto hablé con mi amiga coach y me dijo, “Pilar tu misma, pero come y descansa que mañana será otro día”. Y así fue, al día siguiente poco a poco empecé a hacer pequeñas cosas en el barco y ya me vi capaz de afrontar la segunda calificación desde Lanzarote hasta Antigua. También fue duro, pero al ir conociendo mejor el barco poco a poco, la situación ya no me sobrepasaba.

¿Hubo competidores con millas previas de preparación?
Muchos de ellos construyeron el barco con suficiente antelación, pudieron navegar y prepararse. Algunos solo por tener que cruzar desde Canadá y USA, o también bajar desde Francia y norte de Europa ya habían acumulado muchas y valiosas millas.
¿Cómo gestionó el sueño?
Este barco tan pequeño es muy incómodo. Además, a mí me cuesta mucho dormir y en un barco tan pequeño ha sido especialmente complicado. Durante varias semanas dormía siestas de 20 minutos, pero después de un par de meses tu mente no aguanta. Una vez no me desperté y dormí dos horas seguidas, al día siguiente fueron cuatro horas, por lo que empecé a usar un despertador, algo que nunca había hecho antes, para dormir dos horas seguidas sin estrés. Me fue muy bien, supongo que coincidía con mis ciclos de sueño vitales. Como de día me cuesta dormir, de noche me despertaba para chequear que todo estaba bien y volvía a dormir otras dos horas. Creo que el promedio diario durante toda la regata fue menos de cinco horas.

Alimentarse bien tampoco debió resultarle sencillo
Mi sistema de alimentación es mixto, mitad liofilizado y la otra mitad con alimentos frescos y en conserva. Compro los vegetales muy verdes y bien ventilados me duran quince días. Los huevos me duran un mes, cada día los giro para que no se estropeen tan rápido. No como cerdo, no puedo ingerir lácteos por intolerancia. No era una persona golosa, pero me acostumbré al dulce. Galletas, mermelada, etc. Con buenas condiciones cocinaba mucho, mi cuerpo lo agradecía mucho, mi mente y el rendimiento del barco también.
¿Qué le sorprendió de la regata que no imaginó antes en empezarla?
No tenía ninguna expectativa ni tiempo para imaginarme qué es lo que me encontraría, porque diez días antes de empezar no sabía si competiría. Lo que más me sorprendió fue la falta de dialogo del organizador con los navegantes, que se cambiaran las normas de la regata sobre la marcha, sin tener en cuenta nuestra experiencia ni conocimientos, él no conocía el barco como nosotros. Era la primera edición y nosotros estábamos experimentándolo todo. Si le cuestionabas algún cambio, te respondía “Esto es así porque yo soy el organizador de la regata”. En una regata manda el Anuncio de Regata y las Instrucciones de Regata (Race Sailing Rules). Si no estás navegando, tienes que pedir la opinión a los participantes, eso no lo entendía. No había diálogo.

¿Cuál fue la avería más importante que sufrió?
El piloto automático eléctrico, se me mojó y dejó de funcionar, hice casi todo el océano Pacífico solo con el piloto de viento. Al acabar la etapa vi que estaba inservible, totalmente oxidado y tuve que comprar otro para la siguiente etapa.
¿Volverías a hacerla?
Desde mi punto de vista no hace falta, me gustaría hacer otra hacia el Este. La más asequible es la Golden Globe Race, pero mi problema es la falta de patrocinios, solo he podido contar con ayuda de familiares y amigos y ese proyecto requiere más dinero. Lo veo difícil, otra opción podría ser la regata con tripulación que rememora la Whitbread Race.
¿Añoras las regatas de boyas y tripulación?
Creo que son un buen complemento, me gustan mucho. La última fue la Coa del Rey en el X-42 Mágica. Me ayudan a navegar mejor, son más técnicas, es un buen entrenamiento de maniobras, trimado etc. Justo cuando aterrice en un par de días, un día después haré la Ruta de la Sal (Barcelona-Ibiza) con el Charisma, un vintage histórico.
Carlos Pich, periodista y navegante





